“El futuro es libre, confía en tus habilidades, vive cada momento.”

Ráni era un pueblo pesquero y al rayar el alba ya se podían divisar las naves recogiendo sus redes, Zarate recogía su botín junto a su nieta Sabine, había sido una noche muy fructífera y las redes saturadas de animales eran un justo premio a todo su trabajo y disciplina. De Zarate se hablaba mucho en el pueblo, nadie sabía de donde había venido, apareció un día y comenzó a trabajar de pescador, años después llego a su hogar una niña, y del mismo modo que se desconocía el origen de este hombre se desconocía el de la pequeña, nadie se atrevía a encararlo, quienes lo había hecho no habían logrado más que encontrarse con su forma indiferente de ser, sin embargo, con aquella niña se le veía feliz y su actitud cambiaba, pues se veía amable y cálido.

Gracias a su rigurosa disciplina antes del medio día ya habían vendido toda su mercancía, Zarate no utilizaba casi nada de lo que ganaba, lo guardaba, – no debemos gastarlo ahora, llegara el día en que lo necesites- le decía a la muchacha que ahora ya no era una niña. Sus días eran rutinarios y después de la venta Zarate practicaba el arte de la espada con la joven a la orilla de la playa, Sabine se había dado cuenta que su abuelo miraba siempre hacia el horizonte como esperando algo, aun cuando nunca hubiese pasado algo extraordinario.

Pero ese día fue diferente, después de la venta, comieron y fueron a practicar a la playa, Sabine ya era un rival digno y un excelente espadachín, los entrenamientos cada vez eran más intensos.

Esa tarde miraban el anochecer Cuando Sabine miro al horizonte -¡Abuelo, algo se acerca!-, Zarate miro y maravillado dijo -Por fin ha regresado-

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